El objetivo de limitar el calentamiento global a 1.5°C es una cuestión de política establecida. Las trayectorias actuales indican que es poco probable que se alcance esta meta, con proyecciones que sugieren un aumento de 3°C para fines de siglo. Esta es la realidad de partida.
En este contexto, se están desplegando múltiples estrategias de los sectores público y privado para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Si bien muchas organizaciones se han comprometido con la neutralidad de carbono, ciertos sectores, en particular el transporte aéreo y la industria pesada, enfrentan barreras técnicas significativas para lograr una descarbonización total.
En consecuencia, las compensaciones de carbono funcionan como un mecanismo necesario para neutralizar las emisiones residuales. El proceso implica la remoción o el secuestro de una cantidad equivalente de GEI en sumideros de carbono. No es una panacea; es una herramienta. Para lograr la reducción obligatoria del 45% de las emisiones de GEI para 2030 y el cero neto para 2050, una expansión considerable de programas de compensación de carbono funcionales y creíbles y de los mercados es una necesidad logística.
Función del mercado y lógica de inversión
Los mercados de carbono aportan el “neto” a la ecuación del “cero neto”. Su función principal es acelerar la acción climática al capitalizar el costo marginal de reducción. Esto permite optimizar el capital al dirigir las intervenciones hacia donde las emisiones pueden reducirse con mayor eficiencia y al menor costo. Estos mercados son un complemento, no un sustituto, de la regulación gubernamental y de los esfuerzos corporativos internos por reducir las emisiones dentro de sus propias cadenas de valor operativas.
Existe un consenso sobre dos vías principales para la reducción de emisiones:
- Soluciones tecnológicas: Principalmente energía eólica y solar, con un potencial de reducir las emisiones anuales en más del 20% (aprox. 8 mil millones de toneladas de CO2e) para 2030.
- Soluciones ecológicas (basadas en la naturaleza): Incluyen la deforestación evitada, el secuestro de carbono agrícola y la restauración de ecosistemas, con un potencial de generar hasta el 30% de las reducciones anuales de emisiones requeridas para 2030.
Una brecha de financiamiento significativa, en particular en los países en desarrollo, impide el despliegue a gran escala de estas soluciones. El mercado de créditos de carbono es el mecanismo financiero designado para cerrar esta brecha.
Para que estos mercados funcionen de manera eficaz, deben ser confiables y transparentes. Los incentivos deben estar alineados. Compradores y vendedores requieren confianza en la calidad técnica del producto (el crédito de carbono) y en la integridad de la transacción misma.
Los principios fundamentales de un crédito creíble
Una compensación de carbono es un instrumento definido como la reducción, evitación o secuestro de una tonelada de CO2 equivalente. Para que este instrumento tenga integridad ambiental, debe adherirse a un conjunto de reglas metodológicas rigurosas y no negociables. Los proyectos que generan créditos deben demostrar que las reducciones o remociones de GEI son reales, medibles, verificables, permanentes y adicionales. Si no se cumplen estos criterios, el instrumento falla.
Tabla 1: Los criterios de aseguramiento de calidad para la compensación de GEI
- Real: Debe demostrarse que todas las reducciones de emisiones de GEI declaradas ocurrieron efectivamente.
- Medible: Todas las emisiones de GEI evitadas o reducidas deben ser cuantificables según una metodología validada y reconocida (p. ej., ISO 14064-2, GHG Protocol).
- Verificable: Una reducción debe estar plenamente documentada en un grado suficiente para que un verificador externo independiente confirme su exactitud y realización mediante una revisión objetiva
- Permanente: La compensación debe ser duradera e irreversible. Dado que el CO2 atmosférico tiene una permanencia de aproximadamente 100 años, los proyectos basados en secuestro deben demostrar, como mínimo, un estándar de permanencia de 100 años.
- Adicional: Este principio garantiza que la reducción sea un resultado directo del proyecto y supere el escenario de línea base “business-as-usual”. El proyecto debe ser adicional a todas las regulaciones y prácticas comunes vigentes. La adicionalidad financiera dicta que el proyecto no habría sido viable sin el programa de compensación de carbono como incentivo. Todos los proyectos deben cuantificar una línea base; solo el delta entre el escenario de línea base y el del proyecto es elegible para la acreditación.
- Ausencia de fugas: El proyecto no debe causar un aumento de las emisiones de GEI fuera de su perímetro establecido que anule parcial o totalmente el beneficio climático del proyecto.
- Único: Cada crédito de carbono debe corresponder a una única tonelada de reducción de GEI. La doble contabilidad debe prevenirse mediante mecanismos como la serialización individual de cada tonelada verificada y el uso de un registro transparente.
Panorama de las estructuras de los mercados de carbono
Los mercados de carbono se clasifican en dos tipos principales, diferenciados por la motivación del comprador.
1. Mercados regulados (de cumplimiento)
- Mecanismo: Típicamente un régimen de comercio de derechos de emisión (ETS) basado en el principio de “quien contamina paga”.
- Participantes: Empresas emisoras cubiertas por la regulación. Las opciones incluyen la reducción interna, la compra de derechos de emisión a otras empresas o la compra de créditos de compensación de proyectos en sectores no regulados.
- Estructura: Homogénea, con un único conjunto de reglas y metas establecidas por ley. Las transacciones suelen estructurarse mediante subastas.
- Alcance: A 2023, existen 73 sistemas de fijación de precios al carbono (tanto ETS como impuestos) en 36 jurisdicciones, que cubren aproximadamente el 25% de las emisiones globales de GEI.
2. Mercados voluntarios de carbono
Estos son mecanismos para el intercambio voluntario de créditos de compensación, que operan fuera de los mandatos regulatorios.
- Mecanismo: Basado en las acciones voluntarias de organizaciones e individuos. No existen topes de emisiones ni metas de reducción impuestos por el gobierno.
- Participantes: Una amplia gama de compradores con motivaciones variadas (ver Tabla 2).
- Estructura: Heterogénea, con una diversidad de estándares, metodologías y procedimientos. Las transacciones se realizan típicamente “over-the-counter”.
Tabla 2: Categorías de compradores y motivaciones en el mercado voluntario de carbono
- Estados o emisores no regulados: Alcanzar metas climáticas voluntarias; mejorar la imagen pública; reducir el impacto ambiental.
- Emisores prerregulados: Anticipar futuras obligaciones de cumplimiento.
- Bancos y fondos de inversión: Cumplir compromisos voluntarios; especular con los precios futuros de los créditos.
- Eventos, pequeños emisores, individuos: Cumplir compromisos voluntarios; convicción ambiental.
Clasificación de los proyectos de compensación
Los créditos de compensación voluntarios se generan a través de dos resultados distintos:
- Proyectos que reducen o evitan emisiones de GEI hacia la atmósfera.
- Proyectos que remueven emisiones de GEI de la atmósfera (créditos de remoción de carbono).
Estos proyectos se categorizan además, según su metodología subyacente, como soluciones basadas en la naturaleza o tecnológicas.