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Agricultura climáticamente inteligente: la nueva normalidad

Este  es parte de una serie de 5 artículos sobre nuestras principales conclusiones de la serie de eventos World Agri-Tech 2024 en San Francisco, São Paulo y Londres.

 

El ambiente fue distinto en las cumbres World Agri-Tech de este año. Mientras que en años anteriores predominaban las discusiones teóricas sobre resiliencia climática, la serie de cumbres 2024 (San Francisco, São Paulo y Londres) mostró algo nuevo: la transformación real en acción.

Las discusiones subrayaron que la resiliencia ya no es una meta futura sino una necesidad presente, a medida que productores y agroempresas enfrentan crecientes presiones climáticas. Los suelos sanos y el secuestro de carbono emergieron como estrategias fundamentales, no solo para mitigar el impacto climático sino para actuar como un activo de creación de valor, algo que esperábamos ver desde hace tiempo (y que nos alegra bastante).

La salud del suelo es un puente entre sostenibilidad y rentabilidad

La evolución de las discusiones en las cumbres fue clara. Las sesiones ya no se centraron en justificar la agricultura climáticamente inteligente – se enfocaron por completo en la implementación y la escala. Este giro refleja los cambios más amplios que atraviesa la industria, en particular en Europa, donde las regulaciones están influyendo en las decisiones.

Los participantes destacaron el valor de las prácticas de agricultura regenerativa (como los cultivos de cobertura, la labranza reducida y la diversificación de cultivos) para la resiliencia tanto ambiental como económica. Estas prácticas se alinean con las estrategias de mitigación climática, capturando más carbono en el suelo a la vez que mejoran los rendimientos de los cultivos. La discusión también destacó el Pacto Verde de la Unión Europea y la estrategia De la Granja a la Mesa, que promueven el secuestro de carbono como vía para alcanzar las metas de cero neto para 2035 mediante políticas de uso del suelo e incentivos. Estos marcos están fomentando un giro hacia prácticas que benefician tanto al clima como a la rentabilidad del productor, al aumentar la fertilidad del suelo y la retención de agua mientras generan ingresos a través de los créditos de carbono.

La agricultura no avanza en solitario

Otra conclusión clave fue el reconocimiento de que ningún actor puede impulsar la transformación por sí solo. El éxito requerirá colaboración a lo largo de toda la cadena de suministro, desde productores y agroempresas hasta responsables de políticas e instituciones financieras. Las grandes tecnológicas y los servicios financieros están entrando cada vez más en el espacio agroalimentario, ayudando a cerrar brechas con herramientas basadas en datos y modelos financieros innovadores. Por ejemplo, las herramientas presentadas en la cumbre por socios como Microsoft y Bayer integran datos meteorológicos, monitoreo de la salud de los cultivos y pronósticos impulsados por IA para optimizar las decisiones a nivel de finca y mejorar la resiliencia climática.

Mirando hacia adelante

Las cumbres también reflexionaron sobre los desafíos por delante: implementar estos cambios a escala no será fácil. Empresas y líderes de la industria reconocieron la complejidad de cumplir metas basadas en la ciencia (SBTi), subrayando la necesidad de una mejor infraestructura de datos y de marcos de toma de decisiones que funcionen en la práctica, no solo en la teoría. Mientras Europa lidera con cambios impulsados por políticas, otras regiones comienzan a seguir el mismo camino, adoptando iniciativas de agricultura de carbono y modelos innovadores de seguros y financiamiento para incentivar la adopción.

En última instancia, el mensaje fue claro: la resiliencia en la agricultura no consiste solo en sobrellevar los cambios climáticos, sino en liderar la construcción de un futuro concreto. Con la creciente participación de sectores no tradicionales como las finanzas y la tecnología, la agricultura está pasando de ser un participante pasivo a un agente activo de cambio en la lucha global contra el cambio climático.

La integración de los mercados de carbono con las operaciones agrícolas cotidianas se está acelerando. Aunque sigue siendo un desafío, los procesos de verificación y un acceso al mercado más ágil para los productores están en el radar para finales del próximo año. El enfoque en la medición y la verificación se intensifica. Las sesiones destacaron el avance continuo de la industria hacia protocolos robustos para medir la resiliencia climática, un paso crucial para escalar la adopción.

Y lo más importante: la definición de “climáticamente inteligente” está evolucionando. Ya no se trata solo de reducir el impacto ambiental; se trata de construir sistemas que sean resilientes tanto ambiental como económicamente.
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